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¿Es muy tarde para iniciar mis propositos de año nuevo?

He perdido la cuenta de las veces que las personas me han empeñado su palabra y no la han cumplido y aún así, sigo confiando totalmente en ellas.

Hace tiempo me convertí en un escéptico del año nuevo, la tendencia y nuestras costumbres marcan el final de un año, el final de una etapa, y el comienzo de una nueva donde solemos hacer propósitos nuevos, objetivos nuevos, sueños nuevos, promesas nuevas, o reciclamos las viejas, esas que nunca hemos podido cumplir por falta de amor propio.

NO EXISTEN MÁS IMPOSIBLES QUE AQUELLOS QUE NO QUEREMOS CUMPLIR

Existe una realidad que cada vez nos afecta más como sociedad, como seres humanos, como amigos, como pareja, como atletas, como profesionistas y es el poco o nulo valor que le dan a la palabra, vivimos bajo un ritmo de vida donde la moral y los valores poco a poco desaparecen, siempre estamos creando un contexto donde nos compramos nuestras propias historias para auto sabotearnos en nuestros propósitos y en nuestros objetivos y lo más triste es que realmente las ¡compramos!

  • Hoy no pude ir a entrenar porque Salí tarde del trabajo
  • Hoy no pude hacer dieta por que no alcance a cocinarme
  • No puedo invertir en un negocio porque no tengo dinero
  • No puedo emprender mi propio negocio porque tengo familia y no estoy en posición de invertir
  • No pude completar una semana completa en el crossfit porque hacía mucho frío para ir

Carajo, como si la vida se detuviera y te fuera a esperar a que todo marche bien para poder ir por tus sueños, por tus objetivos, por tu pasión, de eso precisamente se trata, de luchar diario, de crear un esfuerzo inimaginable, de explotar en emoción todo el tiempo, de mantenerse de pie y seguir avanzando,  la vida es dura y es difícil y jamás, jamás, jamás será justa, se tiene que luchar y trabajar más arriba que los pretextos, más arriba que el auto sabotaje, más arriba que la decepción, más arriba que la incertidumbre, más arriba del fracaso y sobre todo más arriba de la apatía que nos genera el querer ser y no poder llegar.

Veo tantas personas que desisten al primer mes, al primer fracaso, al primer cansancio, al primer esfuerzo, ¿realmente eso es luchar?, ¿realmente has luchado por algo con todas tus fuerzas, pero con todas tus fuerzas, hasta quedarte sin absolutamente nada por ese objetivo? ¿De verdad has luchado tanto? Recuerda que el resultado no es exigible, el esfuerzo sí.

Debemos de entender y mentalizarnos que la lucha es para toda la vida, que si realmente quieres algo y quieres empezar a vivir, la lucha y el trabajo es diario, la plenitud es trabajo, la felicidad es trabajo, el amor es trabajo, tener una excelente relación con tu pareja es trabajo, ser el mejor atleta es trabajo, ser el mejor empresario es trabajo, ser una persona fiel es trabajo, el problema es que no nos gusta trabajar, nos gusta lo facilito, pero lo facilito es fugaz, es tan esporádico, que se disfruta muy poco.

Aceptar y dejar de resistir lo que no nos gusta para que empiece a fluir

Hay un millón de maneras de trabajar la disciplina y la constancia, pero en lo personal me gusta y me ha funcionado enfocarme en mi palabra, cueste lo que cueste, si empeñas tu palabra cúmplela, empieza contigo mismo, enfoca tu mente y toda tu atención en cumplir tu palabra, no en la acción que esta conlleva, esa va a llegar por añadidura, mantente firme en tu palabra, si dijiste que te ibas a levantar temprano a correr, mantén tu palabra, si diste tu palabra de bajar de peso, mantén tu palabra, cueste lo que cueste no falles a tu palabra, hazte una persona de valor para ti mismo, para que puedas ser de valor para los demás, mantente firme en tu palabra y en tu pensamiento y no expongas ni des tu palabra al menos que sepas que la puedes cumplir, no le fallas a quien no le cumples, te fallas a ti mismo.

Para soñar y cumplir propósitos grandes se tiene que ser ENORME de mente y de corazón.

Que todos los días sean un año nuevo para ti, con objetivos y propósitos por cumplir, que la lucha nunca se detenga.

¡Buena y larga vida¡

Por Gerardo Aguirre